lunes, 31 de marzo de 2014

María Expropiación Petronila



Así se llamaba la Chimoltrufia. ¿Será que después de lo de YPF nacieron varias Chimoltrufias y Chimoltrufios Argentinos?

domingo, 9 de febrero de 2014

El Pionero del genocidio en Argentina




Federico Rauch o Friedrich Rauch, nacido en agosto de 1790 Weinheim, en ese momento Prusia, actualmente Alemania, llega a la Argentina en 1819 contratado para extender la frontera de la "civilización" sobre la "barbarie". Durante su juventud había militado en las campañas napoleónicas.

Al llegar a la Argentina fue contratado por el gobernador Martín Rodríguez, para realizar campañas contra los indios que estaban al sur de la frontera. Se destaca en su "noble" labor, al exterminar sin piedad a numerosos indios. Su táctica era simple: asesinaba a todo indio que se le cruzara, sin importar sexo ni edad. La oligarquía estaba encantada con la rápidez y efiacia con que Rauch "limpiaba" las tierras y es por eso que asciende rápidamente en la escala militar hasta llegar a teniente coronel.

En 1926, el presidente Rivadavia -tentado por la eficacia del genocida prusiano- le asigna la tarea de eliminar a lo nobles Ranqueles de las pampas. Ni lerdo ni perezoso, Rauch parte de inmediato hacia el sur y en poco tiempo extiende la frontera de manera importante, favoreciendo así a mas de 500 terratenientes que recibieron grandes porciones de tierra arrebatadas a los Ranqueles de manera gratuita.

El poeta rivadaviano Juan Cruz Varela escribió, en 1827, estos versos elogiando al militar:
 
“Joven terrible, rayo de la guerra
espanto del desierto,
cuando vuelves triunfante a nuestra tierra
del negro polvo de la lid cubierto,
te saluda la Patria agradecida
y la campaña rica
que debe a tu valor su nueva vida
tus claros hechos, y tu honor pública”.


Rauch se andaba con menos vueltas para responder las loas con sus partes militares: “Hoy, 18 de enero de 1828, para ahorrar balas, degollamos a 28 ranqueles”. Osvaldo Bayer cuenta también que en sus partes dice: "los Ranqueles no tienen salvación, por que no tienen sentido de la propiedad, son anarquistas".

Fue el jefe de las fuerzas unitarias que fueron derrotadas en la batalla de Las Vizcacheras, ocurrida el 28 de marzo de 1829, durante la cual el jefe ranquel Nicasio Maciel, apodado "Arbolito" lo espera y cuando se encuentra a tiro le bolea el caballo e inmediatamente le corta la cabeza. Una vez decapitado, su cabeza fue primeramente arrojada en la puerta de la madre del después coronel federal Prudencio Arnold, a quien Rauch supuestamente había jurado matar, y luego llevada en triunfo a la ciudad de Buenos Aires y arrojada en una calle céntrica como un desafío.


El héroe Rauch, fue homenajeado en Buenos Aires con las exequias más lujosas de la época, y en su honor un partido del interior de la provincia de Buenos Aires lleva su nombre. Osvaldo Bayer impulsó un proyecto en el que se proponía cambiar el nombre de la ciudad a Arbolito, en honor al valiente jefe ranquel que lo ultimó.

Fuente 1
Fuente 2

jueves, 30 de enero de 2014

Quinteto Maderas - Clarinet marmalade

Quinteto Maderas fue una efímera banda integrada por Ernesto Acher. Juan Carlos Bazán y Alfonso Ferramosca(clarinetes), Fili Savloff (guitarra), Juan F. Rodríguez (bajo). Según Acher en su sitio web:

"Nos preparamos mucho y, a pesar de algunos tropiezos, olvidos y otra
peripecias, creo que salió bien y por suerte quedó el testimonio en
video. Después inentamos seguir pero algo había cambiado y una cierta
onda se había evaporado. Fue debut y despedida, como diría Chico
Novarro, pero sin ninguna duda valió la pena.
"

jueves, 14 de marzo de 2013

No son bengalas ni luces de colores, son los trotskistas en platos voladores

Cantito Popular:
"¡No son bengalas ni luces de colores, son los trotskistas en platos voladores!"

Cantito peronista de los 70's que nació gracias a la genial idea de un sector del Trotskismo que creía concienzudamente que, si es que existe alguna civilización superior en algún lugar del universo, esta debe necesariamente ser socialista.

Aunque siempre fueron de mi predilección canticos del estilo de: "¡Lanusse marmota, Perón va a venir cuando le canten las pelotas!"

lunes, 19 de noviembre de 2012

Un salto

Desde hace meses sé que debo dar un paso al frente. Ayer dí un abrupto salto. Realmente no se la dirección en la que salté. Ahora quizás esté a mitad de camino. El problema es que no se cuanto dolerá el golpe ni si será fuerte el estruendo. Por lo que siento, es un triple salto mortal y no hay red.
Solo yo, y el mundo otra vez desafiandome a luchar batallas perdidas. El pasado que resurge, cual ave fenix desde las cenizas, personas que reaparecen, personas que me queman, que alegran, otras que hacen daño.
Olor a playa en su piel, fragancia a Norte Argentino, recuerdos de Chile y algunas cosas de Capital Federal.
Zapatos, cremas, rojo, besos suaves y apasionados, aunque siempre según la ocasión, su madre no me quiere porque yo no la quiero, chispa, intensidad, extrema suceptibilidad.
Confusión. Incertidumbre. Lágrimas, muchas lágrimas.
Porteña y lejana. Padres tucumanos. Confidente y amiga. Secretos compartidos. Viajes.
Rulos, experiencia, sabiduría, hijo que no pudo ser, sufrir y amor destruído.
Inteligente, bella, alta, flaca, modelo, tiempo, mucho tiempo, ternura y buena cocinera, lujuria, hasta olvidandonos de respirar.
Pasión, dulzura, proyectos, poesía, verdadero amor. Locura hasta los extremos.

Trabajo, mucho trabajo, cansancio, dinero mal invertido y despilfarrado todo el tiempo. Unos proyectos terminan, otros dan vuelta en mi cabeza. Ya veremos.

El rey criollo del Rock N Roll





jueves, 10 de mayo de 2012

El mito de Sísifo - Albert Camus



Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.

Si se ha de creer a Homero, Sísifo era el más sabio y prudente de los mortales. No obstante, según otra tradición, se inclinaba al oficio de bandido. No veo en ello contradicción. Difieren las opiniones sobre los motivos que le convirtieron en un trabajador inútil en los infiernos. Se le reprocha, ante todo, alguna ligereza con los dioses. Reveló sus secretos. Egina, hija de Asopo, fue raptada por Júpiter. Al padre le asombró esa desaparición y se quejó a Sísifo. Éste, que conocía el rapto, se ofreció a informar sobre él a Asopo con la condición de que diese agua a la ciudadela de Corinto. Prefirió la bendición del agua a los rayos celestes.

Por ello le castigaron enviándole al infierno. Homero nos cuenta también que Sísifo había encadenado a la Muerte. Plutón no pudo soportar el espectáculo de su imperio desierto y silencioso. Envió al dios de la guerra, quien liberó a la Muerte de manos de su vencedor. Se dice también que Sísifo, cuando estaba a punto de morir, quiso imprudentemente poner a prueba el amor de su esposa. le ordenó que arrojara su cuerpo sin sepultura en medio de la plaza pública. Sísifo se encontró en los infiernos y allí irritado por una obediencia tan contraria al amor humano, obtuvo de Plutón el permiso para volver a la tierra con objeto de castigar a su esposa. Pero cuando volvió a ver este mundo, a gustar del agua y el sol, de las piedras cálidas y el mar, ya no quiso volver a la sombra infernal.

Los llamamientos, las iras y las advertencias no sirvieron para nada. Vivió muchos años más ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la tierra. Fue necesario un decreto de los dioses. Mercurio bajó a la tierra a coger al audaz por la fuerza, le apartó de sus goces y le llevó por la fuerza a los infiernos, donde estaba ya preparada su roca. Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es en tanto por sus pasiones como por su tormento. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser dedica a no acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra. no se nos dice nada sobre Sísifo en los infiernos. los mitos están hechos para que la imaginación los anime. Con respecto a éste, lo único que se ve es todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad enteramente humana de dos manos llenas de tierra. Al final de ese largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza la meta. Sísifo ve entonces como la piedra desciende en algunos instantes hacia ese mundo inferior desde el que habrá de volverla a subir hacia las cimas, y baja de nuevo a la llanura. Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa. Un rostro que sufre tan cerca de las piedras es ya él mismo piedra.

Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento pero igual hacia el tormento cuyo fin no conocerá. Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan seguramente como su desdicha, es la hora de la conciencia. En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca. Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia.

¿En qué consistiría, en efecto, su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito?. El obrero actual trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo.

Pero no es trágico sino en los raros momentos en se hace consciente. Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde conoce toda la magnitud de su condición miserable: en ella piensa durante su descenso. La clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria. No hay destino que no venza con el desprecio.

Por lo tanto, si el descenso se hace algunos días con dolor, puede hacerse también con alegría. Esta palabra no está de mas. Sigo imaginándome a Sísifo volviendo hacia su roca, y el dolor estaba al comienzo. Cuando las imágenes de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el llamamiento de la dicha se hace demasiado apremiante, sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La inmensa angustia es demasiado pesada para poderla sobrellevar. Son nuestras noches de Getsemaní.

Sin embargo, las verdades aplastantes perecen al ser reconocidas. Así, Edipo obedece primeramente al destino sin saberlo, pero su tragedia comienza en el momento en que sabe. Pero en el mismo instante, ciego y desesperado, reconoce que el único vínculo que le une al mundo es la mano fresca de una muchacha. Entonces resuena una frase desesperada: «A pesar de tantas pruebas, mi edad avanzada y la grandeza de mi alma me hacen juzgar que todo está bien». El Edipo de Sófocles, como el Kirilov de Dostoievsky, da así la fórmula de la victoria absurda. La sabiduría antigua coincide con el heroismo moderno. No se descubre lo absurdo sin sentirse tentado a escribir algún manual de la dicha. «¿Cómo? ¿Por caminos tan estrechos...?». Pero no hay más que un mundo. La dicha y lo absurdo son dos hijos de la misma tierra. Son inseparables. Sería un error decir que la dicha nace forzosamente del descubrimiento absurdo. Sucede también que la sensación de lo absurdo nace de la dicha. «Juzgo que todo está bien», dice Edipo, y esta palabra es sagrada. Resuena en el universo y limitado del hombre. Enseña que todo no es ni ha sido agotado. Expulsa de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción y afición a los dolores inútiles. Hace del destino un asunto humano, que debe ser arreglado entre los hombres. Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos.

En el universo vuelto de pronto a su silencio se alzan las mil vocecitas maravillosas de la tierra. Lamamientos inconscientes y secretos, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice que sí y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierten en su destino, creado por el, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando.

Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. Él también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada trozo mineral de esta montaña llena de oscuridad forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre.

Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Son todos P...



Son todos P... eronistas

Maradona fue perfecto. Solo Dios es perfecto. Maradona es Dios.

Maradona es argentino. Dios es argentino.

Todos los argentinos son peronistas. Maradona es peronista. Dios es peronista.

Dios hizo al hombre a su imágen y semejanza. El hombre es peronista.

Yo soy hombre. Yo soy... AHHHHHHHHHH!!!

FUENTE

martes, 26 de abril de 2011